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La pesca de la trucha en arroyos se asocia a escenarios enclavados en grandes sistemas montañosos, tales como los Pirineos, o los Picos de Europa, por citar dos ejemplos. Ahora, el pescador de la zona centro tiene la oportunidad única de poder pescar en un lugar donde los sueños se hacen realidad: el arroyo de La Aceña.
Texto y fotos: Pedro Weigand
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 En la imagen, Ángel Ribagorda, amigo del autor, tienta su suerte pescando a cebo en el tramo 2 de La Aceña. |
 La pesca con aparejo castizo de buldó es de obligado uso en La Aceña, si se quieren pescar bellos ejemplares como el que ilustra estas líneas. |
 El Humpback Minnow 50 SP y el Cra Pea de Lucky Craft han demostrado ser unos “cracks” en la pesca de grandes ejemplares de truchas de La Aceña. |
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 Tremendo primer plano de un truchón de La Aceña, pescado con un Humpback Minnow de Lucky Craft.
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 Ángel Ribagorda muestra satisfecho una magnífica trucha arcoiris de La Aceña.
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 Las truchas comunes, provenientes del tramo 1, aparecen de forma ocasional en La Aceña. |
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 Sergio Delgado intenta sacar una buena trucha en una de las pozas de La Aceña.
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 El Cra Pea, de Lucky Craft, es ideal cuando hay que pescar en las charcas profundas de La Aceña.
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 Las cucharas ondulantes proporcionan no pocas satisfacciones al que confíe en ellas en La Aceña.
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Hace ya casi siete años tuve la suerte de llegarme hasta el arroyo de La Aceña, aconsejado por mi amigo Ángel Ribagorda, quien me había hablado de las excelencias del mismo, y del esfuerzo realizado por un club de pesca, el de Santa María de la Alameda, por recuperar este escenario de montaña para la pesca de la trucha.
Desde entonces, cautivo de sus encantos, sigo disfrutando de la pesca en él; y es un hecho que se ha convertido en uno de los lugares de referencia para el pescador de truchas en arroyos de la zona centro.
Este “milagro” ha sido posible gracias al excepcional esfuerzo que, día a día y desde el año 2000, han realizado Antonio Vilches, presidente del club, su mujer Gloria, y la Junta Directiva; y han recuperado -para todo pescador que guste de la pesca de la trucha en arroyos cerca de la capital- una joya de la sierra madrileña que estaba condenada a una muerte segura.
A ellos hay que sumar el realizado por José Luis Gallego Calvo, responsable de la actividad piscícola de la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Comunidad de Madrid, que sigue trabajando con denuedo por la recuperación de las venas de agua trucheras de la Comunidad de Madrid.
Ahora, es el momento de desgranar las virtudes que atesora esta magnífica vena de agua serrana madrileña.
La Aceña y sus tramos
Para llegar al arroyo de la Aceña, que está situado a unos 70 kilómetros de Madrid, hay que tomar la M-505 desde El Escorial, tras ganar el puerto de la Cruz Verde. Para conseguir los permisos hay que llamar al 639 750 580.
Estos se expiden en el bar Sol y Aire, de Santa María de la Alameda, localidad cercana al arroyo, y donde los hermanos Román y Santiago ofrecen toda su hospitalidad, buen humor y saber gastronómico a todo aquel que quiera saborear la cocina tradicional de la zona, mezclada sabiamente con recetas de vanguardia.
El arroyo está dividido en tres tramos acotados.
El tramo 1, en la actualidad vedado y con altas probabilidades de abrirse en 2006, está en la parte superior del puente de la Aceña, lugar de parada obligada donde el pescador puede dejar el coche, preparar los trebejos de pesca, y disfrutar de una vista panorámica que no olvidará. El puente es el extremo superior del tramo 2, llegando al extremo inferior conocido como La Retuerta.
En el tramo 2 se puede pescar con o sin muerte, hecho éste que se debe especificar antes de retirar el permiso. En caso de pescar con muerte, el cupo es de seis truchas.
En este tramo, cada dos semanas, se realizan repoblaciones con buenos ejemplares de trucha arcoiris a cargo de Antonio Vilches, Gloria, y los guardas, cargados con mochilas llenas de agua, las distribuyen por todo el tramo; lo que garantiza al pescador que va a encontrar truchas en todo el tramo.
Este es un punto vital, y por ello hay que resaltarlo, ya que es una forma de repoblación tan poco usual como altamente eficaz. En este tramo, con infinidad de posturas, el pescador de lance ligero y el mosquero disfrutarán de momentos inolvidables, habida cuenta de la belleza del arroyo y del entorno que lo rodea, donde sobresalen pinos, robles, encinas, enebros y jaras.
Ya que las zonas de pequeños chorros con las tablas se alternan en todo el tramo, con una longitud aproximada de 2,5 kilómetros, el pescador tiene opciones de emplear la técnica que más le estimule. En mi caso, pesco los chorros y no las tablas, a cucharilla y con caña de ballesta, y se puede emplear toda la jornada si se pesca toda su longitud a conciencia.
El tramo 3 llega desde La Retuerta hasta el puente de La Hoya, en la carretera M-538. Este es un tramo de pesca sin muerte, con trucha común, y se pesca a mosca o con cucharilla de anzuelo simple sin arpón. Es toda una prueba de fuego para el pescador amante de los retos, pues las truchas y La Aceña no regalan nada, y hay que emplearse a fondo para tener éxito.
Los desniveles son más acusados, y las aguas corren con velocidad. Una vez descritos los tres tramos que componen el arroyo de La Aceña, hay que hablar de las técnicas para pescar en ellos.
Las técnicas
Comenzando por el tramo 3, donde se pesca sin muerte, la pesca con sedal pesado y buldó son muy eficaces, así como el empleo de cucharillas de un solo anzuelo y sin muerte (arpón), de tamaños cero y uno. Con sedal pesado, las cañas pueden tener una longitud de 9 pies, para líneas 4 y/o 5, ya que se lanza con comodidad en todo el tramo. Las líneas, flotantes y de doble huso, y los bajos de línea tendrán que llevar un terminal del 0,18 a principios de temporada, para terminar con un 0,12 a finales.
Relativo a las moscas, hay que decir que las truchas de este tamo exigen al pescador todos sus conocimientos para poder pescarlas, y se muestran selectivas en no pocas ocasiones. Son comunes las eclosiones de tricópteros y estas imitaciones hay que llevarlas en la caja, y en sus tres estados: ninfa, emergente e imago. Las ninfas lastradas hacen estragos entre la población truchera, y la “oreja de libre” con cabeza plomada es letal.
Los streamers de marabú con mucha acción tipo Mini Nobbler y Wolly Bugger hacen que los ejemplares de mayor porte se muevan de sus posturas, pero es necesario que tengan colores naturales, tales como el marrón claro y oscuro, verde oliva y negro. A lance ligero y con aparejo de buldó, que también vale para el tramo 2, las pescatas son de impresión, porque hay muchos lances mediante esta técnica tan ibérica. Hay dos opciones bien diferenciadas.
Comenzando por la caña, hay que decir que con una caña de buen grafito de 180 centímetros, de pesos de lance de 3 a 12 gramos es suficiente. Yo prefiero llevar una caña de ballesta de 130 centímetros a la que le monto un aparejo de dos moscas, sin rastro, para poder lanzar a ballesta.
Un carrete con buen freno delantero, de tamaños 750 o 1000, con dos bobinas cargadas con nailon de 0,16 y 0,12 milímetros de diámetro, y el equipo de buldó está completo.
Pero queda hablar de las moscas. Una buena elección es seguir los cánones, es decir, en primavera cuerpos y plumas oscuros, que vamos aclarando a medida que las fechas vayan acercándose al estío. Los aparejos de buldó pueden montarse con nailon del 0,16 bajando al 0,12 o incluso el 0,10 si el caudal es bajo y/o hay que pescar en verano. Los buldós pueden ser de los más pequeños, del cero, porque el lance no es de distancia.
Las cucharillas no deben sobrepasar el número 2, por fuerte que baje el arroyo, ya que la profundidad media no supera el medio metro, y con ellas se puede pescar con total garantía, con colores clásicos que van desde el plata hasta el cobre y el negro, dependiendo de la intensidad de la luz y la claridad de las aguas.
Asimismo, llevar una provisión de pequeñas cucharas ondulantes, y pequeños peces artificiales suspendidos y con sonajeros internos, es fundamental para poder afrontar una jornada de pesca a lance ligero. El equipo que ha de lanzar estos pequeños artefactos es el mismo que uso para la pesca con buldó.
El resto del equipo lo componen las botas altas en vez del vadeador, el chaleco, las gafas polarizadas, la cámara de fotos, multiherramienta y fórceps, afilador de anzuelos, cortahílos, y una sacadora para reducir al máximo el tiempo de manipulación de la trucha antes de soltarla.
Es muy útil tener a la trucha en la sacadora y dentro del agua, mientras con el fórceps le quitamos la mosca y evitamos que esté demasiado tiempo fuera del agua. Por último, hay que ver qué ofrece la zona en cuanto a parada y fonda.
Parada y fonda
En Santa María de la Alameda hay una oferta de alojamientos y gastronómica de lo más amplio. Sobresale el bar Sol y Aire, donde el pescador podrá recuperarse de la jornada de pesca gracias al buen hacer de los hermanos Román y Santiago, que le agasajarán con su carta variada, compuesta por cocina tradicional y modernista.
Las opciones de actividades al aire libre son muchas, y pueden realizarse rutas a pie, ahora llamadas senderismo, a caballo, y visitar toda la zona de los alrededores, donde los paisajes sobrecogen por su carácter salvaje.
Sea cual fuere la elección, es seguro que el pescador no quedará indiferente tras el primer contacto con este paraíso de la pesca de la trucha tan cercano a Madrid. En mi caso, y como dije, ya son casi siete años…
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