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Hace ya unos cuantos años me encontraba pescando de nuevo en mi querido embalse de Mequinenza, el que suelo frecuentar con cierta asiduidad en busca de sus especies piscícolas, principalmente el black-bass, pescando por sus orillas me había encontrado en varias ocasiones con pescadores de siluro...
Por Carlos García Arroyo
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Un siluro que se deja ver en aguas muy someras. |

Un superdepredador, que también ataca los señuelos por su innata agresividad. |

Conviene protegerse las manos, para evitar daños con la abrasiva boca de estos colosos. |

El autor posando con su gran trofeo. |

En aguas con corriente, estos titanes ofrecen un combate brutal. |

La luchaomentos antes de producirse la captura. |
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MI PRIMER SILURO DEL EBRO
Texto y Fotos: Carlos Gacía Arroyo
Blog del Autor: Big Bass Hunter

Hace ya unos cuantos años me encontraba pescando de nuevo en mi querido embalse de Mequinenza; lugar que suelo frecuentar con cierta asiduidad en busca de sus especies piscícolas, principalmente el black-bass.
En más de una ocasión, pescando por sus orillas me había encontrado en varias ocasiones con pescadores de siluro, incluso en alguna ocasión había visto sacar alguno de estos monstruos con cebo vivo, pero nunca había tenido la suerte de toparme con uno de estos enormes peces al otro extremo de la línea.
De Pesca en Mequinenza
Aquella mañana de abril amaneció con una densa niebla; mi objetivo principal eran los siempre difíciles basses de Mequinenza, pero esa jornada y como casi siempre estaban mas que tímidos. Tan solo las luciopercas daban la cara. Me encontraba tocando el centro de una recula con un crankbait de profundidad de Mann´s en la que tenía localizadas a las “sandras”. Allí pude obtener varias capturas pero de discreto tamaño.
Pronto, la niebla empezó a abrirse y cambié de escenario en busca de algún “lunker”, Al final de la recula había uno de esos tubos para el riego que no deja de extraer agua del pantano.
El Primer Encuentro
Me coloqué encima del mismo y lancé mi crankbait en paralelo al tubo que se adentraba en el agua. Nada mas empezar la recogida noté una brutal picada seguida de un par de sacudidas bestiales que casi me arranca la caña de las manos. En seguida supe que se trataba de un gran “gato”: la primera carrera fue interminable, parecía que nunca se iba a parar, cuando de repente se detuvo.
Aproveché la ocasión para empezar a recoger pero no consegiía acercar el pez a mi posición. Parecía que se había enrocado en algún obstáculo del fondo, así que comencé a dar bruscos tirones hasta que en uno de estos volví a sentirlo al otro lado de mi línea. En aquellos momentos yo estaba temblando y sufriendo al ver como ese pez estaba poniendo al limite mi equipo de spinning.
Incompresiblemente el siluro cambió de intenciones, dirigiendo su rumbo a favor mío, lo que me permitió recuperar algunos metros. Psaba el tiempo y las carreras se sucedían una detrás de otra... y aún no había podido ver a mi contrincante.
Después de buen rato el gran siluro parecía dar muestras de que faltaba menos para que se rindiera y por fin -aunque solo fuese por un instante- dejó verse, ya que al subir dio un tremendo coletazo rompiendo la superficie y desapareciendo de nuevo. Las carreras cada vez eran más cortas y al fin pude verlo bien: se trataba de un siluro muy grande, al menos para mí. Al fin la bestia parecía rendirse y la verdad es que daba cierto respeto coger a semejante animal. Después de sacarlo del agua con mucho esfuerzo y sacarle algunas fotos le devolví a su medio, agradeciéndole la lucha y la emoción que me había hecho pasar semejante pez.
Enganchado al Siluro
Desde este día me quedé enganchado a la pesca de estos colosos del Ebro y no pasa una primavera sin que me acerque a pescarlos. Quizás nunca deberían haber llegado a este río y por supuesto nunca deberán salir del mismo, pero ya que están aquí porque no disfrutar de la pesca deportiva de tan combativo adversario, en este bonito entorno.
Texto y Fotos: Carlos Gacía Arroyo
Blog del Autor: Big Bass Hunter

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