| Grandes Dorados en Uruguay (I) | ||||
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Por Miguel Sanz Aventuras de Pesca
Me llevó un año de investigación conseguir la información y contactos adecuados, para organizar mi viaje con tranquilidad y seguridad, y finalmente poder encaminarme, con un pequeño grupo de amigos, a este pequeño país, poblado, como pude comprobar, por grandes personas y grandes peces a la vez, que supuso toda una sorpresa, en todos los sentidos.
EN BUSCA DE "EL DORADO" Al igual que los conquistadores españoles en el pasado, y sin ánimo de connotaciones históricas nacionalistas, nos dirigimos en busca del oro puro que llevan las aguas del río Uruguay, esta vez no en forma de pepitas, sino de las bestias doradas que habitan en sus corrientes y correderas, el salminus maxillosus, que en las aguas de dicho río, frontera entre Uruguay y Argentina, puede superar fácilmente los 14 Kg. de peso. Llegamos a Montevideo un 29 de febrero, ya que la idea era coger a los dorados justo después de la freza, cuando están agresivos y entran fácilmente a los señuelos, según informaciones de los guías con los que íbamos a pescar. En teoría no se trata de la mejor época del año en Uruguay para conseguir dorados de gran tamaño, pero sí un momento muy seguro, para hacerse con un buen número de peces de tamaño medio, lo que aseguraría los resultados del viaje y era, por lo demás, suficiente para todos los pescadores del grupo. Siendo un primer contacto con el dorado tampoco buscábamos necesariamente ejemplares de tamaño récord, sino que nos conformábamos, a priori, con peces entre los 3 y 9 Kg. de peso, que es la talla media que esperábamos encontrar. Y según habíamos oído la pelea de un dorado, incluso de tamaño medio, es realmente espectacular, con carreras imparables en las corrientes que habitan y saltos acrobáticos, tras sentirse clavados por los señuelos. En Montevideo tuvimos también un día de turismo, para conocer esta bonita ciudad costera uruguaya, capital del país, disfrutando también de la primera parrillada local, de excelente calidad, y similar a las que se pueden comer en Argentina, regada igualmente con buenos vinos de la tierra. A continuación recogimos a José María y a Juan, en nuestro hotel, ya que llegaban de Madrid un día más tarde que el resto del grupo, para salir todos juntos a la zona de pesca, con nuestro transfer por carretera (habíamos decidido no usar un vuelo en avioneta, que era la otra opción, para poder conocer un poco mejor el país, y también porque la distancia de Montevideo al lugar de destino, en la ribera del río Uruguay, tampoco era excesiva). Uruguay es un país pequeño pero atractivo, en su mayor parte llano y verde, dotado de una naturaleza bien preservada, que lo hace un destino muy adecuado tanto para la pesca como para la caza u otras actividades de naturaleza. Por otra parte, la población no es muy grande, y está mayormente concentrada en la capital, con lo cual es posible disfrutar de muchas áreas en las que apenas hay pueblos o gente, como mucho grandes fincas, y por lo tanto con una naturaleza prácticamente salvaje e intocada. Finalmente, tras una parada en nuestro camino, en la que tuvimos ocasión de disfrutar de nuevo de la sabrosa gastronomía local, seguimos por carretera hasta la zona de pesca, llegando a destino, en la localidad de Salto, tras unas cinco horas de viaje aproximadamente, después de salir de Montevideo.
COMIENZA LA ACCIÓN DE PESCA Después de casi un año preparando el viaje con detalle, todo el grupo estaba ansioso por tener el primer contacto con el bruto color de oro que puebla los ríos uruguayos, por lo que el guía no tuvo más remedio, al poco de recibirnos, que llevarnos a ver el río, momento en el que pudimos conocer las famosas correderas (corrientes), donde habitan los dorados del Uruguay. Era ya casi de noche, con lo cual las vistas del río no eran las ideales, pero nos permitió hacernos una idea bastante aproximada de cual iba a ser el escenario de nuestras batalla con los salminus maxillosus, a la vez que acrecentar nuestros más febriles sueños de picadas brutales y saltos acrobáticos. Al día siguiente habíamos quedado muy pronto por la mañana, todo lo pronto que pudimos convencer a los dos guías con los que pescaríamos, en nuestras dos embarcaciones, poco después del amanecer, para comenzar nuestra búsqueda de los dorados del río Uruguay. Los guías se pasaron puntualmente por nuestro hotel, para a continuación llevarnos con las barcas a la ribera del río, a una zona muy practicable para meter las barcas en el agua y dejar los todoterrenos que estábamos utilizando para transportar las mismas. El tiempo estaba nublado, por un inusual periodo de lluvias en Uruguay, para el mes de marzo, quizás no las condiciones ideales para la pesca del dorado, que suele preferir el tiempo soleado y cálido, según nos comentaron los guías (como dicen los pescadores locales, con una lógica demoledora: el dorado es un pez de color amarillo y gusta del sol). Pero con tiempo nublado o soleado nuestros artificiales iban a entrar pronto, lo antes posible, en el agua, tanto al lanzado como al curricán, en busca de nuestro preciado objetivo. Habíamos descartado la pesca con pez vivo, por considerarla poco interesante deportivamente para nosotros, con lo cual las dos modalidades que practicaríamos, según habíamos hablado ya con los guías, serían lanzado y curricán. Eligiendo una u otra según las horas de actividad del pez, que son bastante marcadas, según pudimos comprobar, centrándonos en el spinning cuando los dorados entraban bien a los señuelos, y dejando el curricán para los momentos de menor actividad, así como para los desplazamientos de un punto caliente de pesca a otro (normalmente corrientes, o como las llaman en Uruguay, correderas). El primer dorado de buen tamaño se hizo aguardar unas horas, a pesar de nuestros continuos lances, siendo Jorge quién consiguió embarcarlo, un pez de unos 9 Kg., que entró al lanzado con un pez artificial de producción local en color firetiger, y que llenó a todo el grupo de la consiguiente excitación, por el tamaño de la pieza, mayor de lo que esperábamos para estar tan sólo al comienzo del viaje, así como por la potente lucha que deparó. El error de un servidor fue quizás, especialmente durante los primeros días de pesca, no emplear más los señuelos uruguayos y argentinos para dorado, algunos de facturación puede que algo tosca y acabados no demasiado perfectos, pero que demostraron ser demoledoramente efectivos, especialmente ciertos modelos y colores. En algunos casos los dorados los destrozaban sin contemplaciones, como se puede comprobar en una de las fotografías del reportaje, pero se puede dar el dinero por bien empleado. Y al final del viaje hice acopio de un buen número de señuelos locales para dorado, algunos de ellos de fabricación artesanal, en madera, verdaderas obras de arte en su estilo, con muy buena acción en el agua, tanto lanzado como curricán, para emplear en mis próximos viajes a Uruguay. Durante la siguiente jornada de pesca la actividad parecía ser algo mayor, según fue mejorando el tiempo, más soleado y cálido, las condiciones normales a comienzos de marzo en Uruguay, y las ideales igualmente para la captura del dorado. Como pudimos comprobar, esta especie tiene momentos de una actividad muy intensa, marcados a menudo por los pájaros, que se precipitaban a cazar los pequeños peces que huían a la superficie de los ataques de los dorados. Mientras que en otros momentos, si las circunstancias no eran las ideales, o por la razón que fuera, paraban casi completamente de alimentarse, y como mucho uno lograba hacerse con dorados chicos, como los llaman por allí, peces de 2 o 3 Kg., que tampoco están nada mal, para abrir el apetito y distraer las esperas de sus malhumorados papás y mamás de mayor tamaño. El siguiente pez de buena talla, igualmente capturado al lanzado, con pez artificial, esta vez no de factura local sino un Salmo Whitefish 13 cm., fue José María, al que la suerte acompañó durante todo el viaje, sobre todo considerando que era especialmente un pescador de mosca, cogiendo la caña de lanzado sólo de vez en cuando; con lo que no tenía tanta práctica con esta modalidad, que fue la que más practicamos durante el viaje. Aunque también salieron algunos dorados a cola de rata, en los últimos días de estancia. Se trataba de un dorado de siete kilos y medio, un tamaño ya apreciable, aunque tampoco excepcional para las aguas donde estábamos, como tuvimos la ocasión de comprobar en los siguientes días. Pero el pez pegó una carrera tremenda, corriente abajo, que la barca no tuvo más remedio que seguir, durante bastantes metros, hasta que al final, tras diez o quince minutos de lucha, José María consiguió embarcar el pez, que casi consigue doblar las dos poteras del señuelo (una situación bastante habitual con los grandes dorados del río Uruguay, por lo que vimos, con lo cual resulta más que aconsejable cambiar los anzuelos triples de todos nuestros señuelos, por los más fuertes que podamos encontrar, ya que incluso estos los abren de vez en cuando, los brutos de coraza dorada). Es también muy frecuente, sobre todo si uno les deja (y también aunque no les deje) que los dorados, especialmente los de buen tamaño, por encima de 9 Kg. de peso, se tiren río abajo como posesos, buscando las corrientes de poca profundidad, que además de ser su querencia natural les dan la posibilidad de cortar fácilmente el hilo más fuerte, monofilamento o trenzado, rozándolo con las piedras que abundan en los fondos del Uruguay. algunas cortantes como cuchillos, al tratarse de una zona volcánica. CONTINUARÁ…
(No te pierdas la Parte II)
PARA PESCADORES INTERESADOS EN REALIZAR UN VIAJE DE PESCA DE DORADO EN URUGUAY
Tf: 620 671 056 El programa incluye vuelos desde España, hoteles, transfers y seguro de viajes, además de la pesca (alojamiento, barca a motor, guía especializado, permisos de pesca, etc.). Opción de unirse a nuevos grupo guiados a Uruguay, con el autor del reportaje. Sitio web: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra robots de spam. Necesitas activar JavaScript para poder verla
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