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Pesca del Pavón en el Amazonas (I)
Martes, 05 de Enero de 2010 08:56    PDF Imprimir Correo

 

Los peacock bass, pavones o tucunarés, crecen hasta un tamaño máximo en las aguas del enigmático Amazonas. En esta ocasión, Aventuras de Pesca y un grupo de amigos salimos persiguiendo un sueño: nuestro encuentro de este formidable predador tropical de las selvas de Sudamérica en Brasil.

Por Miguel Sanz

 

Vista aérea del Amazonas

Ferries en el puerto de Manaus
Encuentro de las aguas del río Negro y el Solimoes
En busca de los peacocks!
Buscando la laguna a través de un canal
Los peacocks son muy agresivos, como muestra este doblete
Un doblete de buenos peacocks!
Bonito peacock capturado con un paseante
Una pirara de 40 kg_ capturada con filete de piraña a fondo
El guía devolviendo al agua una pirarara
Vicente con un caimán que entró al paseante
Las pirañas negras pueden alcanzar tamaños considerables
Vicente mostrando satisfecho su peacock de 8 kg
Puesta de sol en el río Negro
Los puntos con cobertura son apostadero habitual del peacock bass
Nuestras embarcaciones siendo remolcadas por el barco hotel
Marcos mostrando exultante su primer peacock de buen tamaño
Piraña negra con sus dientes en forma de sierra
Este peacock de 9 kg_ fue el mayor que consiguió el grupo
Uno de los streamers que utilizamos con los peacocks
Interior del barco hotel

Pesca del Pavón en el Amazonas (Parte I)

Por Miguel Sanz

www.aventurasdepesca.es

 

RETORNO AL AMAZONAS

 

Después de viajes anteriores buscando al peacock bass en diferentes lugares del Amazonas, había reunido de nuevo un nuevo grupo de amigos para ir al encuentro de este formidable predador tropical, habitante de las selvas de Sudamérica, que es el sueño de muchos pescadores de lanzado y mosca de todo el mundo, que acuden cada año a Brasil con el objeto de lograr su captura.

 

El destino elegido era el bajo río Negro, más exactamente los ríos Sucundurí y Abacaxi, en el sur del Estado de Amazonas, donde tendría otra vez la ocasión de enfrentarme al terrible cíclido de librea verde, roja y negra: una especie de black bass mejorado, en velocidad, fuerza y agresividad, además de en tamaño. El pez de agua dulce del mundo con una mayor relación peso-potencia: los gigantes malhumorados del río Negro.

 

CAMINO DE MANAUS

 

El vuelo elegido era vía Sao Paulo, ciudad donde el grupo hizo noche, para descansar de las horas pasadas en el avión y acostumbrarnos al cambio horario de Brasil. El día siguiente por la mañana, tomaríamos un vuelo a Manaus, la capital del Amazonas.

 

Sao Paulo es una ciudad moderna, metrópoli de Sudamérica, con más de quince millones de habitantes, aunque el verdadero sabor del Amazonas, se empieza a degustar en Manaus, una ciudad fronteriza con la fascinante selva amazónica.

 

Además del aire húmedo de la jungla, te das cuenta que estás en otro mundo cuando ves el río Negro por primera vez, con su inmenso caudal de agua oscura y transparente. Y en la otra orilla, a varios kilómetros de distancia, como si fuera la frontera de un país exótico y lejano, contemplas el comienzo de la selva tropical, donde  nos esperaba escondido bajo el agua, en ramas y troncos sumergidos, el objeto de nuestros febriles sueños: el peacock bass; el pez de agua dulce más deportivo del mundo.

 

En Manaus, como primer contacto con el Amazonas y su fauna, visitamos el museo de ciencias naturales, así como el zoológico de la ciudad (gestionado por los militares brasileños). Allí pudimos contemplar también la enorme cantidad de especies piscícolas que pueblan las aguas amazónicas, algunas de ellas de aspectos realmente prehistóricos, como el arapaima y varios tipos de peces gato, provistos de escamas y placas óseas que los asemejan más a peces fósiles que a otra cosa. Además de ver jaguares (onças en brasileño), anacondas (sucurís), caimanes (de nombre local yacaré), monos, loros, guacamayos, e impresionantes águilas arpías, así como otros animales típicos de la selva amazónica, incluyendo una colección de insectos: mariposas, escarabajos, etc., de tamaños realmente ciclópeos y una gran belleza .

 

En la jungla también es posible, por supuesto, ver directamente un buen número de animales, pero la selva es tan espesa que esto no siempre resulta fácil, y tienes que dedicarle además cierto tiempo, mientras que el objetivo principal de nuestro viaje era la pesca deportiva, en especial del tucunaré, el nombre indígena que recibe en Brasil el peacock bass, llamado también pavón en la América hispana, en la que, por cierto, también se incluía Manaus hace siglos, así como buena parte del actual Amazonas brasileño, que perteneció durante bastante tiempo al imperio español, siendo colonizado posteriormente por Portugal.

 

El grupo aprovechó igualmente el día de turismo en Manaus para visitar el famoso mercado municipal, -construido a comienzos del siglo XX, durante la fiebre del caucho, cuando Manaus era una de las ciudades más ricas del mundo- donde contemplar todo tipo de frutas, peces y plantas del Amazonas, además de artesanía indígena, para hacer el pertinente acopio de regalos y recuerdos.

 

A continuación dimos un paseo por el puerto, donde atracan los ferrys que sirven de comunicación en el sistema fluvial amazónico, donde prácticamente no hay carreteras, debido a que la exuberancia de la selva, así como las fuertes precipitaciones de la época de lluvias, las destruyen rápidamente. Con lo cual la comunicación entre las ciudades y pueblos de la selva se realiza utilizando mayormente barcos, una especie de transbordadores parecidos a las embarcaciones del antiguo Missisipi, de donde precisamente tomaron su diseño, con calados muy reducidos, para poder atravesar bajíos y bancos de arena, así como normalmente varias cubiertas, bien provistas de hamacas, donde los pasajeros duermen en la mayor parte de los casos, en lugar de en camarotes. Otro mundo…

 

Para terminar, y como primer contacto gastronómico, degustamos una estupenda barbacoa brasileña, en la mejor churrasquería de la ciudad, con el objetivo de coger fuerzas para la dura lucha que nos esperaba, con los legendarios peacocks del río Negro…

 

EL ENCUENTRO DE LAS AGUAS: DESCENDIENDO POR EL RÍO NEGRO

 

Después de un día de turismo en Manaus, nos embarcamos finalmente en el barco hotel que íbamos a utilizar para nuestro safari de pesca en el Amazonas. Dicho tipo de barcos hotel son muy utilizados para la pesca del peacock bass en Brasil, ya que dan una gran movilidad a la expedición, pudiendo pescar en diferentes tramos del río, o incluso cambiar de un río a otro, navegando durante la noche, si los resultados de pesca pudieran no ser los esperados en una zona determinada.

 

Actualmente el nivel de comodidad de la mayor parte de barcos hotel de pesca deportiva en el Amazonas, acostumbrados a recibir muchos clientes norteamericanos, es en general bastante alto, con lo cual, además de la aventura y excelente calidad de pesca deportiva, están garantizados el confort y la seguridad para el pescador. Y nuestro barco era uno de los mejores y más famosos de Brasil, con lo cual, la estancia se desarrolló a la perfección y sin el menor problema.

 

Nos embarcamos en el muelle del hotel Tropical, el más famoso de Manaus, situado en la ribera del río Negro, transportando nuestras ingentes colecciones de señuelos de peacock bass, cañas y carretes, al barco que iba a ser el escenario de nuestro combate con los peacocks del Amazonas.

 

Comenzamos la navegación río abajo, alcanzando en pocas horas el llamado “O encontro das aguas”, el punto donde el río Negro confluye con el Solimoes, los dos ríos más grandes del Amazonas. El lugar es un destino turístico muy famoso donde acuden muchas personas exclusivamente para contemplar los kilómetros de río en los cuales una parte de la corriente es negra, correspondiendo al río del mismo nombre (de color oscuro, aunque transparente), mientras que la otra es de color marrón, la que es aportada por las aguas del Solimoes, que vienen de los Andes, y arrastran una buena cantidad de tierra, que les da dicha tonalidad turbia.

 

Después de algunas horas más de tranquila navegación -que aprovechamos para la pertinente sesión fotográfica de la selva y espectaculares paisajes amazónicos, además de para ir conociendo el barco, así como nuestros guías de pesca y tripulación en general, y terminar también de preparar equipos, seleccionar señuelos y montar cañas-, llegamos al punto del río en el que estaba previsto pasar la noche.

 

Puedo decir que la misma a la mayoría de nosotros se nos hizo larga, a pesar del silencio del lugar, atracados en la orilla, así como de la comodidad de nuestros camarotes, porque nuestros febriles sueños de pescador estaban ya poblados por enormes tucunarés que atacaban nuestros señuelos con ferocidad, terminando en nuestras embarcaciones, así como en los objetivos de nuestras cámaras digitales.

 

A la mañana siguiente, nos encontramos ya en la boca del río Abacaxi, donde íba a comenzar nuestro safari de pesca de peacock bass, con opción de desplazarnos al río Sucundurí, si las condiciones de pesca lo recomendasen.

 

EL BRUTO VERDE DEL AMAZONAS

 

En el primer día de pesca, tras el pertinente desayuno, servido a las cinco y media de la mañana, para aprovechar al máximo las horas de luz del día y porque las primeras horas de la mañana suelen ser muy buenas para el peacock, nuestras barcas tipo Tracker, equipadas con motores de potencia considerable, salieron disparadas como cohetes, en busca de nuestros codiciados primeros tucunarés.

 

Al regreso, en la hora de comer, por la expresión de felicidad que había en los rostros de los pescadores del grupo, como tras un sueño cumplido, se podía ver que la gente había cumplido sus objetivos, aún no con ejemplares muy grandes, sino peacocks de hasta 3-4 kg. de peso, pero con la satisfacción de haber capturado esos peces. Y teniendo en cuenta que cualquier tucunaré por encima de 3 kilos es ya un rival terrible, perfectamente capaz de salir como una bala con tu señuelo en la boca y clavarlo en la raíz o árbol sumergido más cercano, en cuestión de segundos, antes de que te des cuenta de lo que ha pasado, mientras tu carrete despide hilo sin parar.

 

Esto es lo que hacen a menudo los peacocks de buen tamaño y por tanto más viejos, muy salvajes pero que de tontos no tienen un pelo: nada más sentirse clavados por el señuelo salen a toda velocidad hacia el obstáculo más próximo -en el Amazonas hay muchos-, para enganchar el señuelo e intentar desclavarse del mismo, lo que a menudo consiguen. Realmente cuando un peacock bass de más de 7 kg. decide irse no hay mucho que uno pueda hacer, especialmente en las carreras iniciales, exceptuando encomendarse a la Virgen de los tucunarés.

 

A continuación tuvimos nuestro almuerzo, en el restaurante del barco hotel, que nos sirvió tanto platos típicos del Amazonas - brasileños en general, como cocina internacional, en general sabrosos y bien preparados, destacando también el excelente

servicio de los camareros, siempre dispuestos a agradarnos en todo lo posible, al igual que el resto de tripulación del barco.

 

Por la tarde, tras una breve siesta, para recuperarnos del madrugón –en el Amazonas se sale a pescar habitualmente al amanecer-, así como de la pesca tropical, que es excitante, pero que requiere de un buen estado físico, por la combinación de calor y humedad, partimos de nuevo con nuestras barcas.

 

Esta vez ya salió un peacock de tamaño trofeo, impresión que tuve nada más ver el tamaño de la sonrisa aún mayor en la boca de Marcos, que pescaba con su hermano Iván, en teoría mucho más experimentado en las lides de la pesca, pero en este deporte, la suerte también cuenta.

 

Los peacocks entran muy bien con señuelos de superficie, pero aún mejor con peces artificiales. Y a menudo lo que ocurre, como saben los guías del Amazonas, que si el primer pescador va en la proa utilizando un señuelo de superficie tipo hélices, es el que levanta el peacock. Si el segundo pescador lanza a continuación un crankbait, es frecuencia quien clava el pez.

 

El caso es que Marcos, que con anterioridad al viaje había pescado dos o tres veces en toda su vida, y venía, además de por la pesca, interesado en conocer el Amazonas, se había hecho con un excelente peacock de 7 kg. de peso, que previamente había levantado su hermano, con un hélices Luhr Jensen, uno de los señuelos clásicos para peacock bass en el Amazonas.

 

Dicho pez, como muchos de los que pescaríamos, era un cruce de la subespecie “açu”, la variante más llamativa y conocida de peacock bass, con su librea color chartreusse con rayas negras, y roja en la garganta, con la subespecie paca, que es la que alcanza un mayor tamaño, siendo también más potente, pero de colorido algo menos llamativo, marronáceo y provisto de unas series de puntos blancos en los flancos del pez.

 

Tras las felicitaciones y visionado de las fotografías, el grupo se dedicó a cenar, para finalmente terminar la velada tomando unas caipirinhas en la zona exterior de recreo y descanso del barco, situada en la popa, en la segunda planta del mismo, buena costumbre que tuvo su continuación durante el resto de noches del viaje…

 

CONTINUARÁ...

 

Texto y Fotos: Miguel Sanz

Aventuras de Pesca

http://www.aventurasdepesca.es/

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