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Lucios de Verano (I)
Escrito por Depredators    Martes, 22 de Septiembre de 2009 09:54    PDF Imprimir Correo

 

Los forofos a la pesca pasamos casi todos los meses del año pegados a la orilla del río. Es como una obligación personal llevar un control sobre el comportamiento de los peces en los diferentes escenarios de pesca, las estaciones del año y la comparación con otras temporadas.

Por José Mª Romero

 

 











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LUCIOS DE VERANO (I)

 

Texto y Fotos: Jose Mª Romero

 

Los forofos a la pesca pasamos casi todos los meses del año pegados a la orilla del río. Es como una obligación personal llevar un control sobre el comportamiento de los peces en los diferentes escenarios de pesca, las estaciones del año y la comparación con otras temporadas. Esa necesidad de coger la caña todas las semanas para nunca perder el ritmo de los peces y saber de su actividad en cada momento nos exige a pensar y pensar, sacar conclusiones y buscar los motivos que originan unos tácticas u otras.

 

Los más impulsivos nos hacemos y hacemos cientos preguntas durante la temporada para confrontar, sacar impresiones e intentar responder a las diferentes situaciones que se plantean concientes de que cualquier detalle o información puede abrirnos las puertas para actuar coherentemente y ponernos en marcha con una especie, una maña o una modalidad determinada.

 

No cabe duda que aquellos que nos pasamos las horas y horas a pie de nuestros ríos tenemos mucho más fácil interpretar la vida que se crea en sus aguas; esa información privilegiada es primordial y por supuesto nos abre el camino para localizar fácilmente a los peces.

Algunas veces manifestamos que la pesca está parada, en los peces no entran en la orilla, que no hay movimiento de peces o que incluso no se detecta actividad. En algunos ríos y embalses no es difícil comprobar la actividad, principalmente cuando los visualizamos, se ven por la superficie o atacando por las orillas y con presencia de alevines.

Un verano de lucios

 

Este verano, como es habitual hemos disfrutado de un tiempo a discreción, sin prisas, sin limitaciones horarias y con un sol de castigo al que estamos acostumbrados en Extremadura.

Después de un tremendo año de sequía se detecta una lamentable escasez de alevines, comprobamos que los black bass están muy flojos, que los barbos apenas se arriman por las orillas. Día tras día manifestamos que la pesca está cruda, que los peces no dan la cara y que apenas se consiguen capturas en las tablas del río y zonas de embalse donde siembre hemos obtenido buenos resultados por esta fechas.

 

Comenzamos a probar con todos los señuelos posibles a distintas profundidades  imaginándonos que en cualquier momento daríamos con ellos. La búsqueda para salvar la situación ha sido incesante deseosos se tentar buenos black bass y barbos grandes cuando se ponen a perseguir pececillos de media talla.

Inesperadamente comienzan a entrar algunos lucios partiéndonos los hilos, depredadores que no han dado señales durante varios años o al menos nadie se ha dedicado a ellos en profundidad; supongo que porque otras especies estaban más activas y era evidente que entraban por estas fechas.

 

A mí personalmente siempre me ha gustado pescar los lucios. De pequeño les daba de lo lindo con las famosas cucharillas de lana roja y peces artificiales. Hoy día en mi madurez y superado los cuarenta tacos me gusta pescarlos a mosca lanzando mis estrímeres con una caña de línea 8.

 

Hasta hace 12-14 años atrás el río Guadiana y sus afluentes principales estaban bien poblados de lucios y baSses, no era difícil capturar media docena de ellos y muchos de ellos rondaban los 6 y 7 kilos de peso. Llegaron algunos años de sequía, se produjo una importante mortandad y algunas “tablas madres” quedaron casi esquilmados reduciéndose al límite. Esta sequía provocó una mortandad importante, ni que decir tiene que lucios enormes se vieron afectados y capturados sin compasión ante la falta del líquido elemento. Recuerdo como las carpas luchaban entre el cieno para combatir la falta de oxígeno pero el riego para los agricultores era igualmente necesario. Por suerte llegaron las primeras tormentas de otoño y se pudo aliviar la situación dando vida a las especies que pudieron subsistir.

 

Desde aquel entonces siempre he dudado de la existencia de una buena población de lucios en mis tablas favoritas aunque se detecta que se han ido recuperando poco a poco con el paso de los años posiblemente abasteciéndose de otros charcos menos afectados y seguramente al remontar el río. Hasta este año era frecuente pescar lucios relativamente pequeños, ejemplares de apenas un par de kilos de peso que entraban a los estrímeres cuando buscábamos los blases pegados a la orilla.

 

Desde que se inició el verano iba perdiendo picadas y rompiendo los bajos de línea con ataques de buenos lucios, ejemplares a veces de una talla importante y que llegaban a apenas unos centímetro de nuestro kayak. Todo esto, unido a que los barbos tampoco querían picar, hizo que me dedicara de lleno a buscar con esmero a esta especie que por alguna razón estaban activos este año y ¡cómo no! con un equipo apropiado.

 

No cabe duda que la pesca a mosca es la modalidad más atractiva para disfrutar pausadamente de una mañana relajada de verano pescando lucios a medias aguas. Lanzando los estrímeres gigantes de pelo de conejo bien plomeados y los bug de lana de cordero. Con estos señuelos hemos capturado fácilmente varios ejemplares cada día.

Por todos es bien conocido como luchan estos esócidos cuando de ven clavados con el anzuelo al otro lado de la cola de rata y con una caña de mosca. Era imprescindible apurar al máximo los lances y arrimarse lo más posible a las espadañas, los carrizos y vegetación de orilla para hacerlos arrancar cuando apenas estaban a medio metro de la orilla.

En otras ocasiones hemos hecho uso de la caña de spinning y casting buscando ejemplares de mayor tamaño, a mayor profundidad y lanzando a largas distancia. Con esta modalidad, no cabe duda que las posibilidades han aumentado y que el juego de posibilidades para hacer uso de señuelos es increíble.

Conocer el escenario es determinante

 

Tanto con la modalidad a mosca como al spinning es importantísimo conocer la tabla en cuestión, la vegetación existente, la profundidad, los puntos críticos y zonas calientes en las que nos encontramos con rocas, estructuras, desniveles y árboles sumergidos. Nunca debemos olvidar la tonalidad y temperatura de las aguas que cambian radicalmente conforme a las horas e incluso días que suelen turbinar las centrales hidroeléctricas. En estos casos el caudal del río suele crecer en apenas unas horas y no cabe duda de que cuando una presa mantiene su cota máxima las aguas que vierte al desembalsar están bastante más frías que cuando un pantano está a medio llenar. Dando vueltas a la cabeza pienso que las aguas corrientes y frías han motivado a unos lucios aletargados y los han activado como especie que está perfectamente preparada para moverse con los fríos. Ese agua que sale casi congelada de una cota superior a 15 o 20 metros de profundidad está totalmente gélida, no me extraña, y pensándolo detenidamente que tan solo los lucios se manifiesten y que los blases, carpas y barbos no hayan dado ni señales de vida.

Los lucios al igual que las truchas buscan sus apostaderos en lugares estratégicos como pueden ser los recodos, curvas y remansos del río. Otras veces y al igual que los black bass prefieren las proximidades a grandes troncos y piedras aisladas de la corriente.

Mi experiencia con estos depredadores aunque es limitada ya que siempre la he compartido con otras modalidades y especies, puedo asegurar que en las tablas por debajo de los muros de la presa ellos buscan incesantemente las zonas centrales del río, las más profundas y por supuesto las más tranquilas.

 

Texto y Fotos: Jose Mª Romero